Editor: Mario Pérez-Montoro (Universitat de Barcelona)

Contribuciones incorporadas al Glosarium BITriR. Gejman (mar.2009), M. Pérez-Montoro (jul.2009), J.M. Díaz Nafría (jul.2009)

(In. Endogenous information, Fr. connaissance, Al. Erkenntniss, Wissen) Contenidos:  1) Modelo conductual, 2) Modelo epistemológico clásico, 3) Modelo informacional, 4) Modelo de Floridi y de la Teoría Unificada de la Información, 5) Conocimiento y conceptos afines.

A lo largo de la historia del pensamiento se han vertido verdaderos ríos de tinta acerca de qué es el conocimiento. Infinidad de propuestas, desde distintos preceptos filosóficos, han intentado dar respuesta a esa pregunta. En este sentido, si revisamos la literatura especializada en temas de Ciencia Cognitiva y epistemología, podemos comprobar que existen diversos modelos teóricos que pueden cubrir el objetivo de ofrecernos una definición adecuada de conocimiento.

1. Modelo conductual

Por ejemplo, relacionándolo con la conducta y la acción de un agente, se sostiene que conocimiento es la capacidad potencial que un actor posee de comportarse eficazmente. La eficacia se entiende al comparar el comportamiento y los resultados potenciales con los objetivos y valores tanto del actor como los de su comunidad o comunidades de las que es miembro.

Dentro de ese marco conceptual se defiende que existen diversos tipos de conocimiento. El primero es el conocimiento de información interno. En este tipo de conocimiento la capacidad potencial es la de contestar preguntas con respuestas correctas, generalmente preguntas acerca de hechos objetivos, acerca del estado de una parte del mundo en algún tiempo. Es condición necesaria para este tipo de conocimiento que el actor conteste sin recurrir a fuentes de información externas a sí mismo. Típicamente, las respuestas se pueden registrar en registros, por lo cual pueden ser utilizadas por otros actores.

El segundo tipo de conocimiento es el conocimiento de información externo. Este es igual al anterior salvo que ahora sí se permite el acceso a otras fuentes de información.

En tercer lugar, pensar es también una forma de acción efectiva. En este caso, a partir de información disponible, ocurre una elaboración de nueva información, que puede convertirse en respuesta a nuevas preguntas o en la producción espontánea de información por parte de un agente pensador.

Finalmente, existe el conocimiento no informativo, la capacidad de acción efectiva no relacionada con información. Ella es la que se observa habitualmente en artistas y deportistas. Muchas veces ellos son capaces de un comportamiento altamente eficaz, pero son incapaces de explicar o articular en información registrada su conocimiento.

2. Modelo epistemológico clásico

La propuesta epistemológica clásica defiende una definición de conocimiento a partir de las nociones de creencia, valor de verdad y justificación (o argumentación). En este sentido, una persona A sabe que P sí y sólo sí se cumplen las siguientes tres condiciones: (a) A cree que P, (b) P es verdadero y (c) A está justificado en creer que P.

A primera vista, la propuesta epistemológica clásica proporciona una base sólida para poder abordar con garantías el proceso de identificación y representación del conocimiento en el contexto de una organización. En este sentido, para poder concluir que una persona sabe una cosa concreta (que posee un conocimiento concreto) sólo tenemos que comprobar que esa persona tiene una creencia que coincide con ese presunto conocimiento que le atribuimos, que eso que cree es cierto y que esa persona está justificada en creerlo (que esa creencia que le atribuimos la tiene argumentada, que no es arbitraria).

3. Modelo informacional

La explicación del conocimiento en términos informacionales fue introducida por el filósofo americano Fred Dretske en 1981. Dretske, una vez a partir de su definición de contenido informativo, nos ofrece una definición de conocimiento en términos informativos: K sabe que s es F si y sólo si la creencia de K de que s es F está causada (o está causalmente sustentada) por la información de que s es F.

Dentro de ésta definición deben entenderse los términos “creencia causada por una información” como aquella creencia causada por la información contenida en el hecho de que s sea F.

En definitiva, recuperando la definición de contenido informativo, para que K sepa algo, K debe tener la información de ese algo con probabilidad igual a 1, por tanto, saber que s es F requiere no sólo cierta información sobre s (una cantidad suficiente o adecuada) sino la información de que s es F.

De esta propuesta dretskeana sobre el conocimiento se pueden extraer dos importantes beneficios teóricos.

El primero de estos beneficios lo encontramos en el hecho de que esta definición nos permite explicar la posibilidad de la transmisión del conocimiento: cuando un hablante K sabe que s es F y, además de otras cosas,ii asevera sinceramente que s es F, los oyentes podrán llegar a saber que s es F a partir de lo que dice el hablante (se respeta el principio de la copia introducido en la sección anterior). Este hecho comunicativo se cumplirá, como nos indica la definición dretskeana de conocimiento, si K sabe que s es F a partir de la información de que s es F y si la transmisión de esa información se realiza con una equivocidad igual a 0.

El segundo de los beneficios va algo más allá de la posibilidad de la transmisión del conocimiento. Lo que esta definición principalmente persigue es alcanzar el objetivo de distanciarse de aquellas teorías epistemológicas clásicas que habían presentado al conocimiento como una creencia verdadera y justificada. Dretske sustituye la necesidad de la justificación de la creencia por la causalidad de la información. Al realizar este cambio intenta superar los problemas que habitualmente han presentado esas teorías clásicas (las paradojas de Gettier y la de la lotería), y además obtiene un argumento adecuado contra la tesis del escepticismo radical.

Dretske se defiende de la tesis del escepticismo radical (que defiende la imposibilidad del conocimiento) distinguiendo claramente lo que son las condiciones de una fuente de información de lo que son las condiciones de un canal de información. Mientras que una fuente es generadora de información, las condiciones de un canal, aunque determinantes para la transmisión de información, no afectan a la información que circula por su seno. En este sentido, el canal de comunicación debe ser considerado como un conjunto de condiciones existentes, de las que depende la señal, que, o bien no genera información (relevante), o genera sólo información redundante. En definitiva, el canal no ofrece alternativas relevantes a la fuente, y lo que hace a un canal de información equívoco son sus características, no las sospechas de que pueda o no pueda circular información por su seno.

4. Modelo de Floridi y de la Teoría Unificada de la Información

Según el enfoque semántico de Floridi, el conocimiento se constituye en términos de información semántica justificable, es decir, la información constituye los elementos para una ulterior indagación. Por su parte, la información resulta de un proceso de modelado de los datos que –a diferencia del supuesto naturalista de Dretske- no tiene porque representar la naturaleza intrínseca del sistema analizado (o estar directamente vinculado a éste por una cadena causal), sino que dependerá de la elaboración de los datos por parte del conocimiento. Y, a su vez, los datos se conciben como recursos y restricciones que permiten la construcción de la información. Por tanto, puede decirse que Floridi propone una relación arquitectónica entre conocimiento información y datos en la que el primero se sitúa en la cúspide y los datos en su base. A la vez, y como consecuencia de esta interrelación, sustituye el requisito de verdad de Dretske (que también suscribe la teoría semántica situacional) por un requisito de veracidad, de modo que en lugar de pretender una correspondencia del enunciado con aquello sobre lo que la información versa, lo que se busca es una correspondencia de lo que se informa con el informante.

En la →TUI el conocimiento se constituye mediante interpretación de los datos (o asignación de significado), y éste supone a su vez la base para la toma de decisiones que conforma la “sabiduría práctica” (practical wisdom). En este caso, solo se habla de distintos grados de información y no de una relación de dependencia. De modo que la información se va procesando de manera progresiva: primero en el nivel sintáctico o estructural, luego en el semántico o de estado y finalmente en el nivel pragmático o de comportamiento. Pero no en términos de una progresión causal (como en el naturalismo de Dretske) sino mediante interrelación y acción reciproca entre estratos adyacentes.

5. Conocimiento y conceptos afines

La relación entre información y conocimiento, para la mayor parte de los muchos puntos de vista que se adoptan ante ambos conceptos, es muy estrecha, y en especial en lo que atañe a los usos corrientes de ambos términos, ubicándose normalmente la información en un plano inferior al del conocimiento, al que nutre de algún modo. Esta vinculación es, no obstante, obviada en los casos de una visión sintáctica radical, en la que el problema de la relación es evitada para abordar solamente su dimensión técnica (como ocurre en la →TMC), o bien desde una óptica pragmática radical, en la que sólo se ponga en cuestión lo-que-se-está-haciendo de modo que la información se considera como mero instrumento de la acción, y por lo tanto se obvia el problema de sí en ésta se produce una referencia a objetos (ya sea en cuanto a si se trata de una aprehensión correcta o si se sabe que p sea el caso).

Aunque las concepciones acerca del conocimiento son y han sido muy diversas, así como las posturas en relación a su definición, su posibilidad, su fundamento o sus modos, puede decirse que han prevalecido dos modelos fundamentales: el icónico, según el cual el conocimiento es una imagen adecuada (de naturaleza mental) del objeto de conocimiento, y el modelo proposicional, según el cual un conocimiento es una proposición verdadera. En el modelo icónico, en el que la percepción y la aprehensión juegan un papel fundamental, los problemas se centran en la especificación de los límites entre objeto y sujeto, así como la explicación de los conocimientos no icónicos (como las “verdades” lógicas, matemáticas, relacionales…). Sin embargo, en el modelo proposicional, en el que el enunciado científico es el que cumple un papel ejemplar, se vuelve problemático el inevitable círculo en que consiste la justificación del conocimiento (→Teorema de incompletitud de Gödel). Pero sea cual sea el modelo de representación, se distinguiría el conocimiento de una opinión verdadera en cuanto a que sólo aquel sabe justificarse (aunque su justificación sea sólo parcial o problemática).

Según lo dicho, es evidente, que en todas aquellas concepciones de la información en las que se considere la dimensión semántica, deberá aparecer su vinculación con el conocimiento. Adoptándose normalmente una acepción más analítica para la información y otra más sintética para el conocimiento, así como una mayor proximidad al objeto por parte de la información y al sujeto por parte del conocimiento.

Para Dretske el “conocimiento es creencia producida por la información” y ésta siempre es relativa a un trasfondo de conocimiento. Desde una perspectiva naturalista en la que se da una dependencia causal entre los estados internos del ser vivo y las condiciones externas, la información para Dretske forma la experiencia (representaciones sensoriales) y origina las creencias (experiencias cognitivas), que están en la base de sedimentación del conocimiento.

Dejando a un lado las definiciones alternativas existentes, podemos convenir que el conocimiento debe ser identificado con un tipo especial de estados mentales (o disposiciones neuronales) que posee un individuo y que presentan una serie de características propias. Por un lado, son estados mentales que adquiere el individuo a partir de un proceso de asimilación o metabolización de información. Esta característica ayuda a distinguir los estados mentales del sujeto que se corresponden con el conocimiento de aquellos estados mentales del sujeto que se corresponden con meras creencias que no alcanzan el nivel epistémico necesario para poder identificarlas como conocimiento.

En este sentido el contenido semántico de esos estados mentales coincide con esa información asimilada. Y, por otro, actúan de guía en las acciones y la conducta de ese individuo. Es decir, que rigen la toma de decisiones que el sujeto pueda realizar.

Podemos plasmar esta caracterización de una forma sintética en la siguiente definición: Conocimiento = estados mentales de un individuo construidos a partir de la asimilación de información y que rigen las acciones del propio sujeto.

Sin embargo, las características del conocimiento no acaban aquí. Podemos abundar un poco más sobre este tipo especial de estados mentales. El conocimiento, a diferencia de los datos y la información, se encuentra estrechamente relacionado con las acciones y las decisiones del sujeto que lo realiza; llegándose incluso a poder evaluar ese conocimiento utilizando como indicadores esas acciones y decisiones. El conocimiento, además, es el factor crítico que permite al sujeto que lo posee la asimilación de nueva información -y así la creación de nuevo conocimiento-, y suele verse reestructurado continuamente por las entradas de nueva información asimilada.

Sin embargo, para entender mejor el conocimiento, no es suficiente con ofrecer una definición del mismo e ilustrarla a partir de un par de ejemplos. Es necesario, también, abordar una serie de conceptos cercanos e interrelacionados con éste.

La relación entre información y conocimiento, para la mayor parte de los muchos puntos de vista que se adoptan ante ambos conceptos, es muy estrecha, y en especial en lo que atañe a los usos corrientes de ambos términos, ubicándose normalmente la información en un plano inferior al del conocimiento, al que nutre de algún modo. Esta vinculación es, no obstante, obviada en los casos de una visión sintáctica radical, en la que el problema de la relación es evitada para abordar solamente su dimensión técnica (como ocurre en la →TMC), o bien desde una óptica pragmática radical, en la que sólo se ponga en cuestión lo-que-se-está-haciendo de modo que la información se considera como mero instrumento de la acción, y por lo tanto se obvia el problema de sí en ésta se produce una referencia a objetos (ya sea en cuanto a si se trata de una aprehensión correcta o si se sabe que p sea el caso).

En esta línea, no deberíamos olvidarnos de un concepto muy cercano al del conocimiento y que, en parte, permite su adquisición: la experiencia. La experiencia puede ser definida como el conjunto de vivencias que cada individuo ha ido protagonizando en el pasado. Y como tal habilita la posibilidad de crear nuevo conocimiento al capacitarnos para entender nuevas situaciones a partir de situaciones vividas y encontrar así nuevas respuestas que nos permitan adaptarnos a los nuevos escenarios.

Tampoco el concepto de verdad puede quedarse en el tintero. Como se viene defendiendo desde la Grecia Clásica, el conocimiento (o al menos un tipo especial de conocimiento, como veremos) implica verdad: si A (un individuo) sabe que P, entonces es verdad que P. Si alguien sabe que la molécula del agua está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, entonces es verdad que esa molécula presenta esa disposición de átomos. Y es que el conocimiento y sus acciones derivadas tienen que estar en sintonía con lo que realmente ocurre. La realidad se encarga de refinar y mejorar el conocimiento, desestimando y borrando de nuestras cabezas aquel supuesto conocimiento (pseudoconocimiento) que no funciona y no sintoniza con la misma.

Otro de los conceptos estrechamente relacionados es el de creencia, entendida como el estado mental que posee un individuo. Y es que el conocimiento (o al menos un tipo de conocimiento), además de verdad, implica juicio o creencia: para que alguien sepa P, ese alguien tiene que creer P. Es decir, tiene que mantener un compromiso con la verdad de P. Si alguien sabe que la molécula del agua está formada por dos átomos de hidrógeno y una de oxígeno, entonces ese alguien tiene que creer que esa molécula presenta esa disposición de átomos.

Y por último, a la hora de hablar de conocimiento no podemos obviar el territorio de los valores. Los valores determinan el background que rigen nuestras acciones y, por tanto, nuestra manera de conocer y nuestro conocimiento.

Referencias

  • Dretske, Fred I. (1981). Knowledge and the Flow of Information. Cambridge: The MIT Press/Bradford. Books.
  • Gettier, Edmund (1983). “Is Justified True Belief Knowledge?”. Analysis , vol. 23, págs. 121-123.
  • Pérez-Montoro Gutiérrez, Mario (2007). The Phenomenon of Information. Lanham (Maryland): Scarecrow Press.
  • Pérez-Montoro Gutiérrez, Mario (2004d). “Identificación y representación del conocimiento organizacional: la propuesta epistemológica clásica”. [En línea]. Barcelona: IN3-UOC (Discussion Paper Series; DP04-01). 29 págs. <www.uoc.edu/in3/dt/20390/index.html>. [Consulta: 20, septiembre, 2004].
  • Pérez-Montoro Gutiérrez, Mario (2001). “La información como fundamento cognitivo de una definición adecuada de conocimiento”. Extremeño Placer, Ana (ed.) (2001) La representación y organización del conocimiento: metodologías, modelos y aplicaciones. Alcalá de Henares, págs. 79-87.
  • Pérez-Montoro Gutiérrez, Mario y Campos Havidich, Manuel (2002). Representación y procesamiento del conocimiento. Barcelona: EdiUOC.
  • Sturgeon, S., Martin, G. G. F. y Crayling, A. C. (1998). “Epistemology”. En Crayling, A. C. (ed.) (1998) Philosophy 1. Oxford: Oxford University Press. Capítulo 1, págs. 7-26.

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