Díez-p1Por Enrique Javier Díez Gutiérrez (Universidad de León)

Incluido en el monográfico: Coenen, Hofkirchner, Díaz-Nafría (eds.) New ICTs and Social Media: Revolutions, Counter-Revolutions and Social Change, IRIE, vol. 18

Resumen: En los últimos años están proliferando los discursos alrededor de las potencialidades democratizadoras de internet y las redes sociales. El espectro teórico en el que se mueven estos discursos abarca desde la consideración de internet y las redes sociales como complemento de los procedimientos y técnicas utilizadas por la democracia representativa (como la “democracia digital”), hasta sus potencialidades para generar nuevas formas de ciudadanía en el camino hacia una nueva democracia directa y participativa de corte horizontal. El análisis que aquí se desarrolla se plantea en qué medida internet y las redes sociales están cambiando las relaciones entre gobiernos y ciudadanía, incluso si, efectivamente, suponen otra forma de construir ciudadanía y participación política democrática, mediante la movilización social, avanzando hacia un sentido de democracia fuerte y directa e incluso con la posibilidad de llegar al auto-gobierno participativo. O si, más bien, estamos ante una cierta idealización sobre las grandes potencialidades de internet y las redes sociales, en donde lo que surgen son discursos míticos que anticipan los usos deseables de estas herramientas en el campo de la participación social y política. Y acaso, solo nos quedemos con un activismo digital, obsesionado por el seguimiento de los clicks realizados en internet y las redes sociales a favor de una causa, que va introduciendo altas dosis de banalización práctica del compromiso cívico, delimitado y domesticado comercialmente por los dueños de este ciberespacio virtual que son quienes controlan las posibilidades y los límites de una “pseudociudadanía” cautiva en el reino del ciberespacio. En definitiva, podemos decir que internet y las redes sociales pueden conducir al boom o al doom: pueden llevar a la materialización de las utopías tecnológicas de un mundo más igualitario o, por el contrario, pueden reproducir y exacerbar aún más los desequilibrios de poder que existen ya en la realidad social. Este es el reto, este es el desafío. El futuro se está construyendo con las redes que vamos tejiendo.